San Silvestre del Jarama 2017: Homenaje a María de Villota

La San Silvestre del Jarama celebró el pasado 24 de diciembre de 2017 su cuarta edición. Una carrera popular que se disputa en un escenario poco habitual, el madrileño circuito del Jarama, y que rinde homenaje a María de Villota, una de las mujeres que logró romper el techo de cristal en un deporte tan masculino como el automovilismo.

La San Silvestre del Jarama reúne todo el potencial para convertirse en una cita obligada en el calendario de cualquier corredor popular. Sin embargo, a veces pequeños detalles convierten una prueba con ese potencial en una carrera que sólo merece catarse una vez y no más. La capacidad de encajar las críticas, de aprender de los errores y de escuchar la opinión del corredor popular pueden marcar el futuro de una prueba.

Ángel Nieto y el Jarama

La cita, el día de Nochebuena, tiene una ventaja respecto a otras carreras y es que se disputa en un escenario nada frecuente. El madrileño circuito del Jarama vivió su máximo esplendor en los años 70 y 80, acogiendo durante 16 años el Campeonato del Mundo de Motociclismo y durante casi una década el Mundial de Fórmula Uno. Por sus 11 curvas han circulado leyendas del motor como los campeones mundiales de automovilismo Niki Lauda, Jackie Stewart y Emerson Fittipaldi y también estrellas del motociclismo como Giacomo Agostini y Ángel Nieto.

Pero para los más jóvenes, el circuito del Jarama quizá no es ni un recuerdo, pues tras su época dorada entró en decadencia a finales de los 80. La expansión urbanística de Madrid le hizo mucho daño. No tiene margen para ser ampliado y ni si quiera para superar un determinado nivel de ruido, dos hechos que le impiden optar a volver a albergar pruebas de cualquier mundial. La solución para que siga siendo rentable pasa por la organización de eventos privados y la reforma en la que actualmente se encuentra inmerso. El Proyecto Jarama 2021, que se está desarrollando en varias fases, apuesta por revitalizarlo y convertirlo en un centro de ocio para los amantes del motor.

Inscripciones económicas

No es nada habitual que una carrera pedestre se dispute en un circuito para coches, camiones y motos. Y menos en un escenario que rezuma historia como éste. Y la buena noticia para el corredor popular es que el precio de inscripción, si se realiza con antelación, es realmente económico. Pagar 9€ por correr en el Jarama es realmente barato. No hay que olvidar que el evento se celebra en un recinto privado y cualquier carrera popular en calles públicas no suele bajar de los 10€.

El recorrido de esta San Silvestre del Jarama, para nuestra sorpresa, mide lo que anuncia: cinco kilómetros para la prueba corta y diez para la carrera larga. El trazado oficial del circuito son 3.850 metros, pero para completar la distancia que falta hasta los cinco kilómetros, la prueba pasa por la zona de boxes y uno de los aparcamientos interiores. Los de la carrera corta darán una vuelta, mientras que los de la carrera de 10 kilómetros deberán completar dos.

La prueba tiene además un perfil atractivo. Sencillo, pues casi todo es llano, aunque con dos subidas duras a las que siguen dos rápidas bajadas. La primera dificultad se sitúa en la curva Pegaso, pasado el kilómetro 2,8, con cerca de 400 metros con una pendiente cercana al 6%. La segunda, tras dejar atrás el cuarto kilómetro, tras la curva Bugati, con una rampa de unos 300 metros y un desnivel próximo al 4%. Entre medias, el rápido descenso de la curva Portazgo. Os recomendamos este espectacular vídeo conmemorativo del Race, en el que se describe el trazado del circuito, analizando cada una de sus curvas, y que rinde además un merecido homenaje a María de Villota.

Legado María de Villota

María de Villota

Porque la vinculación de esta prueba con el mundo del motor no termina en su escenario. La San Silvestre del Jarama rinde homenaje a una madrileña que con su talento consiguió colarse en un deporte reservado a hombres. María de Villota (Madrid, 1980-Sevilla, 2013), tras 17 años compitiendo en casi todas las modalidades del mundo del motor, logró convertirse en 2012 en piloto de pruebas de un equipo de Fórmula Uno, el Marussia.

Algo realmente complicado, pues hasta que lo hizo María, sólo cinco mujeres, la última en 1992, habían logrado subirse en un monoplaza de la élite del automovilismo. Tal fue su hazaña, que desde entonces, sólo otras cuatro mujeres (entre ellas la también española Carmen Jordá) han logrado sentarse como piloto de pruebas en un monoplaza de la Fórmula Uno.

Sin embargo, un fatal accidente en el aeródromo de Duxford en 2012, mientras realizaba pruebas para el Marussia puso fin a su trayectoria deportiva. Lo peor, lamentablemente, sucedió apenas un año después, cuando María falleció por las graves secuelas que le produjo el brutal accidente. Su coraje en las pistas lo trasmitió fuera de ellas y supo utilizar su fama para ayudar y hacer de altavoz a los que no pueden.

Su ejemplo de superación no terminó con su muerte, pues su fundación, Legado María de Villota, continúa defendiendo sus valores. Extiende su labor solidaria apoyando a las personas enfermas y a los colectivos más necesitados. Con su padre, el también ex piloto Emilio de Villota, como mejor embajador, la fundación se ocupa de ayudar, por ejemplo, a niños con enfermedades neurodegenerativas y a personas sin recursos organizando y participando en numerosos actos y eventos. Desde hace cuatro años una milla que se celebra en Santander, en colaboración con la Fundación Ana Carolina Díez Mahou, también lleva su nombre.

Todo un honor para cualquier runner poder rendir este homenaje y hacerlo como más nos gusta, quemando zapatilla en un escenario tan legendario como el circuito Jarama.

Una carrera con numerosas virtudes

Hasta ahora tenemos un escenario ideal, un recorrido atractivo, bien medido y señalizado, y un precio económico de inscripción. También hay que sumarle la bolsa del corredor, que además de un sencilla camiseta técnica y un dorsal personalizado, incluía un cinturón para el móvil, una pasmina, una lata de Red Bull y un par de revistas. No está mal teniendo en cuenta el precio de la inscripción, comparado con lo que se estila en otras carreras similares de la capital.

La prueba, organizada por el Club Corredores y el Real Automóvil Club de España, cuenta además con aparcamientos con numerosos voluntarios que te indican donde dejar el coche, bastantes baños por todo el recinto y avituallamiento líquido intermedio. Ofrece igualmente carreras infantiles, servicio de guardería para niños de hasta 11 años a cargo del colegio Árula y algunas liebres por tiempos.

A ello hay que sumar clasificaciones rápidas y con varios puntos de control, con un premio especial para el más rápido desde la curva de María de Villota hasta la meta, y con mensajes al móvil con el tiempo final en la prueba. Su avituallamiento final incluye medalla de finisher, la bolsa con el caldo Aneto, que nunca falla, botellita de zumo y otra de agua, aunque sin ningún solido o pieza de fruta que degustar. Por si todo ésto fuera poco, unas semanas antes los corredores inscritos pudieron disfrutar de una sesión de entrenamiento en el Jarama para conocer el circuito a cargo del Club Corredores.

Detalles a mejorar

No obstante, la carrera tiene un par de cosas que mejorar. Pequeños detalles que pueden hacer que el corredor popular repita o no en una prueba. El primero es la recogida de dorsales, pues este año sólo los corredores de fuera de Madrid pudieron recoger el dorsal el día de la carrera. Sin duda se trata de un contratiempo para todos aquellos que no viven en la zona norte de la capital. Quizá la organización debería habilitar algún otro punto de recogida en la zona sur (usando las instalaciones de alguno de sus patrocinadores, por ejemplo) permitiendo que el corredor eligiese el lugar de entrega antes de formalizar la inscripción, siempre con varios días de antelación. Si no, debería permitir que el dorsal se recogiese el día de la prueba,  aunque estableciendo un límite para hacerlo (algo que no se hizo). Fijando ese límite, por ejemplo, media hora antes de la salida y siendo estricto se evitarían colas y retrasos.

Porque otro de los problemas del evento fue el retraso en el inicio de la prueba, cerca de 10 minutos después del horario previsto. Se debió a que muchos corredores apuraron hasta el último momento para recoger el dorsal o acceder al recinto. Y precisamente uno de los principales problemas de esta prueba es el acceso al circuito del Jarama. Tiene una entrada única y además se tiene que atravesar una urbanización privada con la demora que ello supone.

Los que madrugaron y llegaron con más de media hora de antelación no tuvieron problemas gracias al gran trabajo de todos los voluntarios que había en el aparcamiento. Los que se durmieron y apuraron se encontraron con una atasco kilométrico. Sólo la cortesía de la organización, que retrasó la salida 10 minutos, les permitió llegar a tiempo. Convendría que la organización avisase de los problemas de acceso que tiene el recinto para evitar retrasos en el evento. Y a los que llegan tarde, que piensen en los demás. Se retrasa la carrera y se retrasa también el inicio de las carreras infantiles, así como de las posibles actividades programadas en un recinto, insistimos, que es privado.

También hubo cierto desorden en la meta de la carrera de 10 kilómetros, pues el ganador y los primeros corredores tuvieron que sortear a corredores más rezagados. Se aprecia en los vídeos de entrada en meta de todos los corredores que ya están disponibles en la web de Corriendovoy. Afortunadamente la organización solucionó este pequeño inconveniente a medida que fue avanzando la carrera.

Caos de las carreras infantiles

La San Silvestre del Jarama ofrece también carreras infantiles. En este punto la organización tiene bastantes cosas que mejorar. Para empezar porque el precio es algo elevado, 4€, para una actividad que debería fomentar el atletismo entre los más pequeños. Elevado porque a cambio de ese precio los niños sólo reciben una medalla (como en numerosas carreras gratuitas) y un peluche, los que tuvieron suerte. Nada de agua, fruta o chuches.

El problema, además, es que la organización calculó mal o no recibió los suficientes peluches de uno de los patrocinadores. Una veintena de niños de la última carrera, la de los más mayores, se quedaron sin él. Quizá la organización fue consciente de ello y alteró el orden previsto de las carreras. Primero corrieron los más pequeños, que sí se llevaron sus obsequios.

Pero peluches al margen, la organización de las carreras infantiles, a pesar del esfuerzo de algunos voluntarios del Club Corredores y del Race, dejó bastante que desear. Primero porque el inicio de estas pruebas se retrasó bastante, quizá por la demora de la carrera de mayores. Estamos hablando de niños pequeños, donde la paciencia precisamente no es una de sus virtudes. Y en segundo lugar porque permitieron acceder a todo el mundo a la pista del circuito donde se celebraban las carreras, por lo que la recogida de los niños que iban finalizando las carreras fue un caos.

Una solución para evitar el desorden 

Una solución para evitar este desorden, como sucede en mucha carreras donde la presencia de niños es elevada, sería la siguiente. En primer lugar, a la pista del circuito sólo deberían acceder los voluntarios y los niños que participasen en cada prueba. Los padres esperan tras la larga valla de la recta de meta. Junto a la línea de meta se crea un corral delimitado con cinta o con vallas, una especie de cámara de llamadas, donde la organización va llamando a los niños que participan en cada prueba.

Una vez dentro del corral, todos los niños que participan en la primera carrera son guiados por los voluntarios hasta la línea de salida. Corren y cruzan la meta. Reciben su peluche y su medalla y se les marca el dorsal para evitar la picaresca (estamos en España), ya que los dorsales no estaban diferenciados por categorías. Los niños regresan al corral y desde ahí se les van devolviendo a sus padres (si es que quieren recogerlos) por orden de llegada. Vaciado el corral, se convoca a los participantes de la segunda carrera y se repite el proceso.

En el caso de los más pequeños o chupetines, de 3 a 5 años, se permite que los padres acompañen sólo a aquellos que aún andan con dificultad o que lloran. Pero como les advirtió Luis Blanco, speaker de la prueba y que de carreras populares sabe un rato, estos padres siempre deben situarse por detrás de los niños que corren solos para evitar que éstos se caigan.

Las carreras se celebran en la recta más larga del circuito, por lo que los padres, en todo momento, ven siempre a dónde se llevan a sus hijos. Además, obrando de este modo, quizá se hubiese evitado que algún padre se llevara más de un peluche, como reconocieron los indefensos voluntarios a los padres de los niños que se quedaron sin ellos. En resumen, una carrera que tiene un gran potencial, pero que debería arreglar unos cuantos detalles si quiere que muchos corredores repitan y no sea una carrera que se corra sólo una vez en la vida.

Triunfos de Alberto Gómez y Marta Cabello

En la carrera de 10 kilómetros, con 1.184 llegados a meta, la victoria, muy apretada, fue para Alberto Gómez Sánchez (33:22), por delante de Javier Marcos Fernández (33:24) y Guillermo Cuchillo Bemejo (33:267). Por lo que respecta a la categoría femenina, Marta Cabello (38:23) se impuso con menos apuros a Silvia Felt (40:54) y a Lorena Marcén Rodríguez (41:37). En la carrera de 5 kilómetros, Alejandro Santamaría Pérez (16:29) y Rebecca Brassington (18:57) fueron los vencedores de una prueba que reunió a 712 corredores.

Para más información puedes consultar la web de la carrera, visitar su página de Facebook y para consultar las clasificaciones completas puedes entrar en la web de Tcronometro

Un comentario

  • Jorge

    Coincido en vuestra crónica en el 90%. Bien estructurada y argumentada. Se nota que habéis estado en muchos eventos y controláis el detalle. Felicidades.

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