Riaza Trail Challenge 2016: Del asfalto a la alta montaña

“Cerca de la cima siempre hay mil excusas para bajarse y una sola para subir”, Ramón Portilla Blanco, montañero

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Una de las dos salidas del Riaza Trail 2016. Foto: Alberto Mateo

La localidad segoviana de Riaza acogió el pasado 4 de junio de 2016 una nueva edición de su Riaza Trail Challenge, un evento que ofrece una intensa jornada de carreras de montaña con cuatro distancias (11, 20, 40 y 60 kilómetros) y que este año tuvo más de 800 corredores llegados a meta. La prueba parte y concluye en la amplísima plaza mayor porticada de Riaza, uno de los municipios más poblados de la provincia de Segovia, que los fines de semana y los meses estivales multiplica su población, al ser segunda residencia, por ejemplo, de muchos madrileños.

Riaza ofrece además de una amplía oferta gastronómica, con numerosos bares y restaurantes, así como muchos parajes naturales para perderse al estar a escasos minutos de la Sierra de Ayllón y de la estación de esquí de La Pinilla. Cada una de las cuatro pruebas tiene un recorrido distinto, al igual que el color de sus dorsales, y apenas compartirán un par de kilómetros. Las dos distancias cortas apostarán por las elevaciones de la Sierra de Ayllón, mientras que las dos largas abordarán tanto las cumbres de la Sierra de Ayllón como las de la estación de La Pinilla, con un par de puertos de alta montaña.

Primera salida del día en Riaza. Foto: Alberto Mateo
Primera salida del día en Riaza. Foto: Alberto Mateo

El evento tiene igualmente dos salidas. Primero, a las 8:30 de la mañana parten los valientes de las distancias largas de 40 y 60 km, mientras que una hora y media más tarde, a las 10:00, lo hacen los de las carreras de 11 y 20 Km. En estas dos últimas pruebas no era obligatorio llevar material adicional (bidones, mochila o teléfono móvil). El punto de partida será el mismo, la plaza de Riaza, una mezcla de asfalto y arena y es que durante sus fiestas suele ser escenario de corridas de toros. La recogida de dorsales se hace en la misma plaza, que además cuenta con aseos en el ayuntamiento. Aparcar cerca de la salida no es muy complicado ya que se trata de un pueblo bastante grande. Cuenta incluso con un enorme parque de hierba, El Rasero, con numerosos sitios en sus inmediaciones para dejar el coche y para que los más pequeños disfruten de numerosos toboganes mientras se celebra la prueba.

Recorrido de 20 Km

ImprimirPara los corredores acostumbrados al asfalto como nosotros, esta prueba representaba nuestro primer contacto con la auténtica montaña, donde las carreteras o caminos de tierra desaparecen y el recorrido se puebla de pequeños senderos que dejan pasar un único corredor y donde el fuerte desnivel te hace andar en las subidas y tomar muchas precauciones en las bajadas.

La carrera de 20 kilómetros parte de la Plaza Mayor de Riaza, a más de 1.190 metros de altura. Prácticamente el primer kilómetro discurre por asfalto y consta de una rapidísima bajada que nos llevará, dirección Soria, a las afueras del pueblo para tomar un camino de tierra. Poco antes de alcanzar ese primer kilómetro nos espera la primera dificultad, con una subida de unos 300 metros y una pendiente media que supera el 6%.

Primeros kilómetros en pleno bosque. Foto: Alberto Mateo
Los senderos sustituyen a los caminos y al asfalto. Foto: Alberto Mateo

Tras unos leves metros de descanso en donde el sendero permite a duras penas el paso de dos corredores a la vez, afrontaremos un segundo repecho con algo más de 600 metros y un desnivel ya importante, superior al 9%. De nuevo, tras un leve respiro en forma de llano, nos aguarda una tercera subida, más incómoda que las anteriores, con 500 metros y una pendiente que roza el 10%. Aún nos restará un último tramo de subida en esta primera parte, con la carrera ya completamente estirada en fila de a uno por la escasa anchura del sendero. Esta última subida se reparte en casi un kilómetro, con un desnivel por encima del 9,5%.

Las carreras se bifurcan

Llegados al kilómetro 3,7, tras acumular ya 2,6 kilómetros de ascenso y una pendiente media que se acerca al 8%, ambas pruebas, las de 11 y 20 kilómetros se separan. Justo cuando llegamos a una carretera ancha de tierra, compacta y uniforme, los corredores de la prueba corta girarán a la derecha, rumbo hacia el municipio de Riofrío de Riaza, mientras que los de 20 kilómetros tomarán el camino de su izquierda hacia la subida que nos llevará a la Ermita de Hontanares.

Subidas complicadas. Foto: Alberto Mateo
Subidas complicadas. Foto: Alberto Mateo

El tramo que nos lleva hasta la ermita discurre por un camino de tierra amplio, entre montañas, con alguna zona de sombra y con un par de arroyos a su vera. Se trata de algo más de un kilómetro y medio, no excesivamente duro, con un desnivel por encima del 5%, con incluso alguna ligera bajada, sobre todo al comienzo, y donde se puede correr con comodidad. De hecho, quizá sea junto con la salida y meta la parte más favorable para el corredor.

A medida que esta carretera de tierra se acerca a la Ermita, la subida poco a poco se va empinando y en los últimos metros el piso incluso se transformará en asfalto. A la altura de la ermita se encuentra el primer avituallamiento de la prueba, con vasos de agua que deberemos dejar allí mismo, ya que nos encontramos en un paraje natural. Debemos ser cuidadosos y respetuosos con el entorno si queremos que se sigan disputando pruebas de este tipo, porque por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, muchas carreras han sido anuladas o aplazadas al endurecerse los permisos. Hay que aprovechar muy bien este avituallamiento, sobre todo si no llevas bidón, porque el siguiente se encuentra en Riofrío, a casi diez kilómetros de distancia.

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Vistas de Riaza. Foto: Alberto Mateo
Comienza la montaña

Tras el avituallamiento, el trazado se adentra monte arriba por un estrecho y pequeño sendero en pleno bosque, donde la fila de a uno será una constante hasta llegar a la cumbre, situada a casi 2.000 metros de altitud. Hasta este punto, si un corredor está físicamente bien preparado y no se ha encontrado con demasiado tráfico cuando el sendero se estrecha, quizá podría haber completado corriendo estos casi seis primeros kilómetros que llegan hasta la ermita, sin necesidad de caminar. Pero a partir de la ermita la cosa cambia. De aquí hasta la cumbre quizá se anda más que se corre, porque a la estrechez del sendero, y a la elevada pendiente que nos encontraremos, hay que añadirle que el camino se vuelve inestable e irregular, repleto de piedras sueltas, raíces, hoyos, ramas, enjambres de mosquitos y demás obstáculos que harán temer por la fortaleza de nuestros tobillos.

La verdadera montaña comienza por tanto en ese kilómetro 5,8, tras dejar atrás la ermita, con unos primeros 400 metros duros, y con una pendiente media que roza el 16%. Entre ese kilómetro y hasta el 8,5 correr será prácticamente una utopía por las condiciones del terreno y haremos más distancia andando que corriendo, algo que nos sorprende para los que no estamos acostumbrados a esto de la montaña. Hasta la primera cumbre, situada en el kilómetro 8,5 de carrera, deberemos completar por tanto un ascenso de casi tres kilómetros con un desnivel medio que se acerca al 17%. A la primera rampa, nada más dejar atrás la ermita, hay que añadir otras tres más: la primera de algo más de 900 metros al 21,5%, la segunda de casi 500 metros por encima del 21% y la tercera de casi 800 meros y un desnivel del 14%, con escasos metros relativamente llanos entre ambas pendientes en los que podremos correr.

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El sendero se estrecha y el pelotón se estira. Foto: Alberto Mateo

Tras coronar esta primera cumbre, por fin podremos volver a correr con continuidad, al menos durante un kilómetro que nos llevará hasta los pies de la siguiente cima, en medio de un paisaje realmente espectacular, sacado de una película escocesa, y con las casas de Riaza en la lejanía. Este largo kilómetro hasta la segunda cumbre cuenta con algunos tramos de bajada, y sobre todo con un piso menos inestable, aunque también con algunas piedras sueltas. La última subida que nos resta, el punto más alto de este Riaza Trail Challenge, se sitúa a más de 1.900 metros de altitud, consta de algo más de 500 metros con un desnivel del 18% y llegaremos a su final por un sendero de rocas sueltas en medio de un monte desnudo.

Bajada muy técnica

Superado el techo de la prueba, que coincide con el ecuador de la prueba (10 Km), la dificultad no concluye aquí, y es que resta quizá, para los paletos del asfalto como nosotros, el punto más peligroso de este Riaza Trail Challenge de 20 kilómetros: su descenso. Si la subida, incluso andando nos puso el corazón a tope de revoluciones, los dos primeros kilómetros de la bajada nos lo podrán en un puño. Se trata de una bajada de las llamadas técnicas, que para los novatos como nosotros quiere decir “cuidado porque como te equivoques al pisar van a tener que recoger tus restos ladera abajo”. Y es que nos encontraremos con una bajada de algo más de dos kilómetros con una pendiente negativa superior al 21% por un sendero estrecho, repleto de piedras sueltas, planas, y arena. Podría haber sido aún peor, si la lluvia hubiera hecho acto de presencia, pues un descenso por rocas planas mojadas y resbaladizas hubiese sido realmente peligroso.

Avituallamiento en Riofrío. Foto: Alberto Mateo
Avituallamiento en Riofrío. Foto: Alberto Mateo

Superado el kilómetro 12, nuestro corazón recuperará su ritmo normal de carrera, sin sobresaltos, tras el esfuerzo de una subida vertical y una bajada intensa. El sendero se empieza a ensanchar y un poco más adelante se convertirá en un camino de tierra. Por primera vez tras muchos kilómetros volveremos a tener la oportunidad de darle un ritmo constante a nuestra zancadas. Sin embargo, la subida y sobre todo la bajada, han hecho mella en nuestros cuádriceps y gemelos, que ahora se encuentran agarrotados, por lo que salvo que hayas realizado un entrenamiento de fuerza en las semanas previas o que estés acostumbrado a ésto de subir y sobre todo bajar colinas y montañas, tendrás que aparcar tu velocidad de crucero para otro día.

Seguimos bajando, a veces por un terreno irregular, hasta llegar a Riofrío de Riaza, en el kilómetro 14, donde el asfalto de su calles nos llevará hasta el esperado segundo avituallamiento intermedio, con vasos de agua y bebida energética, piezas de fruta y algo de público, inexistente desde que tomamos la salida.

Río Riaza. Foto: Alberto Mateo
Río Riaza, que incluso deberemos cruzar. Foto: Alberto Mateo

Tras dejar atrás las calles de Riofrío y tomar una carretera de tierra, antes de llegar al kilómetro 15 giraremos por un nuevo sendero para asistir a otra de las partes más atractivas de esta prueba. La carrera discurre ahora entre bosques, por un sendero de tierra, que alterna tramos firmes con tramos irregulares, con piedras que sobresalen en lo que antiguamente quizá fuera el lecho de un río. De hecho nos llenaremos de barro en algunos tramos con agua e incluso tendremos que cruzar el río Riaza, a la altura casi del kilómetro 17, donde su caudal incluso invita a darse un baño.

El tramo paralelo al río Riaza concluye en el kilómetro 17,5 y a partir de ahí seguiremos por un sendero de tierra que nos conducirá a la localidad segoviana. El trazado final es prácticamente llano aunque combina giros, pequeños repechos y bajadas. Sin embargo no es un tramo rápido por la irregularidad del terreno, porque las fuerzas vienen ya muy justas y las piernas siguen bastante agarrotadas. Antes del kilómetro 19 entraremos ya en las calles de Riaza, por las que callejearemos con unos metros finales de bajada que nos llevarán hasta la animada meta de la plaza Mayor donde el público reconoce con sus aplausos el esfuerzo de cada uno de los corredores de las cuatro carreras.

Avituallamiento final escaso

En resumen, una prueba muy recomendable para los que quieren probar en la alta montaña, con vertiginosas subidas y descensos pronunciados, con un gran ambiente en la salida y en la meta y con muchos parajes sacados de postales. En cuanto a la organización, hay que destacar por encima de todo que los cuatro recorridos, al menos el nuestro y el de 11, estaban perfectamente señalizados, plagados de cintas, lo cual conlleva un trabajo realmente encomiable. La recogida de los dorsales fue fluida y, además de baños, también había duchas en un polideportivo situado a unos cuantos metros de la meta, e incluso hubo varios fisioterapeutas en meta.

Los avituallamientos intermedios estuvieron bien, aunque se echó en falta un tercero cerca del kilómetro 10, aunque entendemos que la dificultad de subir provisiones a lo alto de la montaña, sin carreteras que lleven a la cumbre, lo hace inviable. No obstante quizá en los tres últimos kilómetros no hubiese estado mal contar con un pequeño avituallamiento para hacer esos kilómetros finales algo más suaves. Si el calor hubiese apretado algo más habría sido indispensable. Quizá lo más negativo fue el avituallamiento final, realmente escaso, con agua, fruta y poco más, teniendo en cuenta que las inscripciones tampoco fueron muy económicas.

Clasificaciones completas y fotos: Riaza Trail Challenge

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