Quebrapates 2018: La belleza y dureza del valle asturiano del Nalón

El Valle del Nalón es uno de los numerosos valles asturianos que abarca desde el Puerto de Tarna, en plena Cordillera Cantábrica, hasta la meseta central asturiana. Se trata de una comarca tradicionalmente unida a la minería y a la siderurgia y que forma parte del territorio conocido como las Cuencas Mineras. La importancia histórica de estas dos industrias para la economía de la región se muestra en sus dos museos autonómicos: el Museo de la Siderurgia y el Museo de la Minería de Asturias.

Una de las principales poblaciones de esta cuenca minera es Pola de Laviana, municipio de referencia junto a Langreo, Mieres y San Martín del Rey Aurelio. Desde hace catorce años, Pola de Laviana celebra una carrera de montaña, una de las más emblemáticas de la región, y que forma parte de la Copa de Carreras de Montaña en Línea de Asturias, pues se trata de la quinta y última prueba de esta competición organizada por la Fempa (Federación de Deportes de Montaña de Asturias).

La carrera refleja a la perfección lo que uno puede encontrar en Asturias. Comienza junto al río Nalón que, con sus casi 140 kilómetros nace en el puerto de Tarna y desemboca y separa las vecinas y a la vez tan distantes San Esteban de Pravia y San Juan de la Arena. El trazado de la Quebrapates sube después hasta una de las cumbres de la sierra que rodea el valle, Peña Mea o Picu Dubil, desde donde se divisa tanto la Cordillera como el Mar Cantábrico. Montaña y mar, aunque sea a la distancia, se unen por tanto en un paisaje típicamente asturiano repleto de cumbres, valles, ríos, prados y pequeñas y recónditas aldeas por las que cruza la carrera.

La Quebrapates, sobre el papel, es una carrera exigente. Con subidas pronunciadas, con más de 1.900 metros de desnivel positivo acumulado a lo largo de sus 31 kilómetros, con bajadas técnicas arriesgadas, pero con muchos kilómetros muy corribles. Sin embargo, la realidad, al menos en esta edición, es que esos kilómetros disminuyen por dos factores que pueden endurecer mucho una carrera.

El fango, un enemigo más

El primero es el barro, mejor fango, formado al confluir el agua y la arena de los numerosos riachuelos de estas montañas. Un par de kilómetros después de superar Peña Mea el fango era tan abundante que no se podía sortear, llegaba hasta los tobillos, e hizo que durante muchos kilómetros nuestros pies estuvieran tan pesados como mojados. El segundo factor fue el calor, que quizá no tuvo tanta incidencia al transcurrir la carrera por tramos sombreados, pero que contribuyó también a endurecer la prueba. La combinación de ambos factores, unido a la dureza del recorrido, hizo que el crono se raletinzara en relación a los pronósticos de la mayoría de participantes.

La Quebrapates, en su decimocuarta edición celebrada el pasado 2 e septiembre de 2018, partió del polideportivo de Pola de Laviana, cerquita de su estación ferroviaria. En este recinto deportivo se recogen los dorsales y se ubican además las duchas y los aseos.

Tras el pertinente control del material, con la única obligación de llevar una manta térmica ante el posible cambio del tiempo, y las indicaciones sobre el recorrido, se lanza una prueba que discurre en sus primeros kilómetros por asfalto. Prácticamente el primer kilómetro y medio es llano, discurre por las aceras, asfalto y carril bici de Pola de Laviana, con muchos metros paralelos al río Nalón.

Al llegar a ese kilómetro y medio cruzamos el río Nalón, con un primer repecho de unos 200 metros y un 20% de desnivel, y tomamos una senda que mezcla asfalto y luego tierra que se prolongará durante otro kilómetro.

Comienzan las subidas

La primera subida nos aguarda tras superar el segundo kilómetro, camino de L’Escobal, con cerca de 400 metros en un camino estrecho en pleno bosque, con un desnivel medio del 18%, pero donde se podría correr si no fuera por la acumulación de corredores en un pelotón que aún se sigue estirando. En el kilómetro dos y medio regresamos de nuevo al asfalto por la carretera de Canzana para volver a tomar una nueva senda un kilómetro después, a la altura del 3,5. En los cuatro primeros kilómetros, hasta pasado el Entrialgo, el perfil es llano, muy relajado, salvo las dos rampas mencionadas.

Pasado el Entrialgo, el trazado comienza a endurecerse. Alternamos calzada y senda e iniciamos la primera subida importante en La Correoria, pasando por las aldeas de El Cabu y Larvin. Nos llevará hasta el kilómetro 6. Se trata de cerca de 1,7 kilómetros de ascenso, con una pendiente media del 12%, aunque con 200 metros de ligero descanso tras completar el primer kilómetro de subida. Es una subida donde se aún se puede correr si responden las piernas, a pesar de que tiene alguna rampa que ronda el 30%.

Coronada esta primera subida, la prueba alterna tramos de descenso, toboganes, cruce de aldeas y distintas superficies como asfalto, tierra y pequeños tramos embarrados. La siguiente subida aguarda tras superar el kilómetro 7, camino de Tablazo, con algo más de un kilómetro y un desnivel medio del 12%.

Entre bosques y aldeas

En la siguiente subida, correr ya no será tan sencillo. Comienza en el kilómetro 8,7, con una pared de asfalto, que pone rumbo al cerro Montarro. Son casi dos kilómetros de subida, con un desnivel medio que roza el 20% y con rampas, algunas muy duras, por encima del 40%. Estamos ya en pleno bosque, aunque las aldeas, casi todas vacías al margen de voluntarios y animales, nos seguirán acompañando el resto de la prueba.

Superados estos dos duros kilómetros de ascenso, nos espera un kilómetro de recuperación para afrontar una subida de algo menos de un kilómetro, muy corrible, pues la pendiente media apenas supera el 5%. Esta calma es la antesala de la tempestad que llega, con la dura subida hacia Peña Mea que se avecina. Previamente, podremos reponer fuerzas en el avituallamiento de líquidos y sólidos en La Campa de Felguera (11,5) desde comprobamos que el paisaje va mutando a medida que ascendemos, rodeados ya de montañas, valles y verdes prados asturianos.

Complicado ascenso a Peña Mea

La subida a Peña Mea ya son palabras mayores. Son más de dos kilómetros de ascenso, con una pendiente que no baja del 20% y con algunas rampas del 50% de desnivel. En la parte más dura no hay ni siquiera sendero y hay que seguir las banderitas que marcan el camino montaña arriba. Andar a ritmo vivo incluso resulta complicado en esta zona de verdes prados repleta de caballos y potrillos. El recorrido es un safari doméstico, pues además de caballos, veremos muchas vacas y cabras.

Coronada Peña Mea, con avituallamiento líquido en la cumbre, afrontamos la parte más peligrosa de la Quebrapates con un descenso muy vertical. Se trata de una bajada técnica por un estrecho sendero que va zigzagueando montaña abajo, repleto de piedras sueltas y con elevado riesgo de que éstas caigan ladera abajo e impacten contra otros corredores. ¡Piedra va!… se oye de vez en cuando. Además de las cabras, que miran absortas el paso de los corredores, la bajada tiene como principal aliciente contemplar el famoso L’Arcon de Pedromoro, llamado Ojo de Buey de Peña Mea, que puede pasar inadvertido pues queda a nuestras espaldas.

Descenso hasta Tolivia

Superado este complicado kilómetro técnico, la carrera sigue descendiendo aunque el sendero se va ensanchando, se limpia de rocas y el desnivel va menguando. Seguiremos bajando varios kilómetros hasta la localidad de Tolivia, por sendas en pleno bosque y donde el principal riesgo será el fango, con algunos tramos completamente encharcados, sin posibilidad de escape, y otros con rocas mojadas y resbaladizas. En Tolivia nos aguarda un nuevo avituallamiento sólido, el tercero de la prueba, y una plaza repleta de gente que tiene hasta una fuente donde los corredores podrán refrescarse, pues el calor empieza a apretar.

La última subida importante que resta nos aguarda en Corian. No es una subida complicada, discurre en gran parte por una pista amplia, resguardada del sol. Se trata de casi tres kilómetros, con varios tramos de llano, que mezclan senda, pista y asfalto, con una pendiente media del 11% aunque con escasas rampas realmente duras. Si estuviera al principio de la Quebrapates, esta larga subida apenas haría mella. Sin embargo, la subida y bajada de Peña Mea han hecho mucho daño, el fango acumulado lastra nuestros pies mojados que luchan contra la aparición de ampollas y el calor empieza a hacer su trabajo.

Coronada la cima, con un último avituallamiento sólido para reponer fuerzas, sólo resta la bajada de regreso a Pola de Laviana. Son cerca de tres kilómetros y medio, primero por senderos, luego por pista y por último en asfalto, donde las fuerzas escasean y se hacen eternos.

Voluntarios en cada aldea, en cada senda, en cada cruce

En resumen, una carrera tan atractiva como dura, con una organización brillante, con numerosos avituallamientos (cuatro de líquidos y sólidos y otros de de líquidos, sin contar la aportación desinteresada de algunos aldeanos), sobre todo en los kilómetros finales, cuando las fuerzas escasean. Además, en cada aldea o senda donde el camino se bifurcaba prácticamente había un voluntario, que tenían que desplazarse a varios puntos para no dejar ningún sin señalizar.

En la meta, esperaba un generoso avituallamiento de líquidos y sólidos, clasificaciones inmediatas en pantalla plana, dos pequeñas piscinas para zafarse del barro, además de una práctica mochila y una camiseta técnica de regalo. Una carrera sin duda para sufrir, pero para también para disfrutar del paisaje asturiano.

Samuel Obaya y Amelia Fernández ganan

La victoria final fue para Samuel Obaya Fernández (03:31:51), del Team Obaya, por delante de Paulo Rozada Camblor (03:40:09), de Picu Dubil, y Arístides Peláez Llera (3:45:58), también del Team Obaya. La más rápida entre las mujeres fue Amelia Fernández García (04:54.42), del Auseva, seguida por Ana Cristina Aguado Mori (05:16:46), del Reino Astur Universidad de Oviedo, y Meritxhell Nava Álvarez (5:17:36), del Langreo Trail Team. De centenar de inscritos en la Quebrapates, apenas 86 corredores completaron este desafío asturiano.

Precisamente Ana Cristina Aguado y Andrés García Blanco (Avientu Solorunners) se proclamaron campeones de Asturias en Línea del Gran Premio EDP tras la celebración de esta quinta y última carrera de la temporada.

Para más información puedes visitar la web oficial de la Quebrapates, prueba organizada por el Grupo de Montaña Peña Mea, y su página de facebook donde encontraras clasificaciones y numerosas imágenes de la prueba en varios puntos de sus recorrido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.