Media Maratón Ávila Monumental 2017: Cuando la cosa funciona

                                                             Fotos: Ávila en Red y Deportes Ávila

La Media Maratón Ávila Monumental celebró el pasado 22 de octubre de 2017 su quinta edición. Una carrera que sigue mejorando año tras año y que constituye la excusa perfecta para disfrutar de toda una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Dos años después, regresábamos a Ávila para participar en su Media Maratón Monumental, dispuestos a desafiar las cuestas y adoquinadas calles que hacen esta carrera tan especial. En estos dos años, la carrera en sí poco ha cambiado, pues mantiene el mismo recorrido, y tampoco se han producido grandes cambios a su alrededor. El margen de mejora quizá era escaso, pues se trata de una prueba que se vuelca con el corredor. Los cajones de salida, la camiseta, el contenido de la bolsa del corredor y el avituallamiento final fueron las escasas variaciones, pues todo lo demás, lo que funcionaba, se mantiene.

Organizada por el Club de Atletismo Ecosport, la carrera en estas cinco ediciones ofrece mucho por muy poco. A cambio de un precio más que razonable (11€ si la inscripción se realiza con antelación), el corredor recibe una generosa bolsa del corredor (con camiseta técnica Joma, embutidos al vacío, barritas y galletas energéticas y bebida), dorsal personalizado, medalla de finisher (algo inusual, pero que debería ser fijo en una media), y un servicio de catering en meta, más que avituallamiento final, que incluye fruta variada, membrillo, las típicas yemas de Santa Teresa, bollería, ensalada de garbanzos, canapés y cerveza, refrescos y agua entre otras viandas.

Desde guardería a autobuses

La carrera sigue ofreciendo un servicio de guardería infantil con talleres y actividades para los hijos de los corredores inscritos; un autobús gratuito de la meta a la salida o hacia el polideportivo que alberga las duchas; servicio de guardarropa; liebres con globos por tiempos; servicio de masajes; salida tardía (10:30) para facilitar la llegada de corredores desde fuera de la provincia; extenso aparcamiento junto a la meta y un económico menú abulense del corredor (con entrecot o chuletón) en una decena de restaurantes de la ciudad. Sin olvidarnos de música en vivo en meta, una pequeña feria del corredor con charlas deportivas, así como un concurso fotográfico para incentivar a que el público baje a la calle y anime también el paso de los corredores.

Todos estos cambios han permitido que la prueba se asiente y que cada año supere el millar de corredores. Una cifra exigua, pero que no está nada mal, teniendo en cuenta que la antigua Media Maratón de Ávila apenas llegaba a la tercera parte de esa participación. Quizá lo único negativo, por poner una pega, fue el frío. Los 17 grados de hace dos años se redujeron a apenas 6 grados en esta edición. Al menos el día lluvioso de entonces se transformó esta vez en un día soleado.

Recorrido incómodo y turístico

El recorrido de esta Media Maratón Ávila Monumental se mantiene invariable, con una primera parte que discurre por una zona más moderna y llana y una segunda mitad que se adentra en las murallas medievales de la ciudad, con un trazado repleto de giros, adoquines y toboganes. No es una carrera con grandes cuestas, aunque puede hacerse larga en su segunda mitad, si en la primera parte el corredor ha llevado un ritmo demasiado vivo.

La prueba arranca a la altura de uno de los símbolos de la ciudad, la pequeña ermita de San Sebastián, conocida como Los Cuatro Postes, que data del siglo XVI, y que ofrece una espectacular postal de la Ávila amurallada. Los primeros 500 metros son de rápida bajada, hasta llegar al puente de la Avenida de Madrid, sobre el río Adaja, que bordea parte de las murallas. Después, el trazado gira a la derecha por la carretera de Burgohondo, alejándose de las murallas, con unos primeros 500 metros que pican hacia arriba, aunque luego vuelven a llanear. El recorrido sigue por la zona nueva de la ciudad, alejada de las murallas, entre calles anchas y llanas con público escaso.

Al llegar a la calle Gardenia vuelve a poner rumbo hacia las muralla, pasando por la calle Radio Nacional de España y cruzando el estrecho puente del Sancti Espíritu, sobre el río Chico, afluente del río Adaja. Hasta este punto habremos completado cuatro kilómetros que, aunque no son del todo llanos, son bastante favorables.

Después de cruzar el puente y realizar un par de giros, la prueba empieza a mostrar signos de dureza con dos ligeros repechos que preceden a una de las rampas más duras de la carrera. En la calle de la Luna nos esperan cerca de 400 metros con un desnivel por encima del 5,5%. A continuación, su trazado nos lleva por la calle de Santa Fe hasta el segundo monumento de esta media, el Real Monasterio de Santo Tomás, construido a finales del siglo XV.

Tras dejar atrás el monasterio, pasado el kilómetro 6, los 500 metros de la bajada de la calle Perpetuo Socorro nos llevarán a completar el primer tercio de la carrera. En los dos siguientes kilómetros, del 8 al 9, desandaremos parte del recorrido hecho hasta el momento por la avenida de Juan Pablo II y la carretera Burgohondo, con pocas complicaciones salvo un repecho en el kilómetro 8 y medio de carrera (420 metros y desnivel de 3%).

Bordeando las murallas

Al llegar al kilómetro nueve nos plantamos al pie de las murallas, pasado el puente de la Avenida de Madrid, junto a las antiguas Tenerías, y nos enfrentaremos a la cuesta que discurre paralela a las murallas. Esta subida sostenida se prolongará durante más de un kilómetro, con una pendiente próxima al 4%, aunque con un pequeño descanso en su mitad. Superado el kilómetro 10, el trazado vuelve a alejarse de las murallas con un exiguo descenso de 200 metros por el paseo de Santa María de la Cabeza.

A partir de este punto el perfil no dejará de subir durante los siguientes cinco kilómetros hasta alcanzar su máxima altitud, aunque lo hará alternando subidas sostenidas sin gran dureza con pequeños descansos para recuperar fuerzas. La primera de estas rampas la encontraremos entre las calles Cardenosa, pasada la iglesia de San Martín, y el paseo de la Encarnación, que nos llevarán hasta el Monasterio de la Encarnación, que data del siglo XVI. Se trata de unos 500 metros con una pendiente media cercana también al 3%.

La carrera sigue hasta la iglesia de San Andrés, un templo del siglo XII ejecutado en granito caleño, donde nos aguarda una nueva rampa de apenas 400 metros, con una pendiente del 4,6%. Le seguirá otra de unos 600 metros por la calle de Valladolid y la avenida de la Inmaculada. Entre el kilómetro 12 y casi 15 la carrera sigue sin entrar en las murallas y zigzaguea por los barrios periféricos, con un trazado que sigue subiendo, aunque más suavizado, y con algún tramo adoquinado como el de la calle las Madres, junto al Monasterio de San José.

Del kilómetro 15 al 16 encontramos una bajada que nos devolverá a la Avenida de Madrid para bordear de nuevo las murallas a la altura de la basílica de San Vicente, joya del románico español. El tramo por la calle Humilladero registra quizá la mayor concentración de público de la carrera. Pero el trazado vuelve a alejarse por la avenida de Portugal y la calle Eduardo Marquina hasta llegar a la emblemática plaza de Santa Teresa, escenarios de numerosos eventos, donde se ubica la iglesia de San Pedro.

Desde la plaza de la santa tomamos el agradable paseo del Rastro, saboreando ya las murallas, con una suave bajada de casi un kilómetro que nos llevará esta vez sí, en el kilómetro 18,5, a cruzar al interior de la ciudad amurallada por la plaza de la Santa. Lo haremos a ritmo del Dúo Dinámico, con su canción Resistiré, que emana de los altavoces de uno de los puestos que ese día recaudaban fondos para la lucha contra el cáncer de mama a cargo de la  AECC.

Los dos kilómetros siguientes nos deparan calles estrechas y adoquinadas, mucho giro, numeroso público y un sinuoso trazado que irán desembocando en casi todas las plazas y monumentos de la ciudad amurallada.

Pasaremos así por el Convento de Santa Teresa, el Torreón de los Guzmanes, la iglesia de San Juan, el palacio Episcopal, el Ayuntamiento, la capilla de Monsén Rubí y la Catedral. El primer kilómetro pica hacia arriba (pendiente del 3%), luego desciende, y luego vuelve a subir por la calle San Segundo (rampas de 300 metros al 4,5%) para luego volver a descender en esta misma calle.

El último kilómetro recorre la adoquinada Ronda Vieja, paralela a las murallas, que nos llevará hasta la explanada del Palacio de Congresos y Exposiciones Lienzo Norte donde se sitúa la meta de esta monumental carrera.

Récord de la prueba

El atleta internacional leonés Sergio Sánchez Martínez (León, 1982), del Club La Robla, logró su segundo triunfo consecutivo en la Media Maratón de Ávila. Además, consiguió el récord de la prueba, con un tiempo de 1:06:46. Luis Miguel Sánchez Blanco (Ávila, 1985), del Bikila, fue segundo, (1:12:17) subiendo así al podio en las cinco ediciones de la prueba. El también abulense Roberto Rubén Jiménez Gallego (Ávila, 1984), del Club Atletismo la Blanca, finalizó tercero (1:15:01).

En cuanto las féminas, la atleta local Teresa Cerrada Gómez (Ávila, 1989) se impuso con un tiempo de 1:26:03 por delante de Marta Virseda Virseda (Segovia, 1974), del Club Atletismo la Blanca, (1:26:50). Noemí Martínez Gutiérrez (Cádiz, 1989), del Run & Fit Chiclana, fue tercera (1:27:19) y completó el cuadro de honor de la quinta Media Maratón Ávila Monumental.

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