Maratón de Oporto 2017: La ruta de los seis puentes

Oporto, la segunda ciudad más importante de Portugal tras su capital, Lisboa, celebró el pasado 5 de noviembre la decimocuarta edición de su maratón. La prueba engaña, pues bajo su aparente perfil llano que recorre la desembocadura del Duero, se esconde un trazado de sucesivos y pequeños toboganes. El río es el gran protagonista de una carrera que recrea la ruta de los seis puentes que decoran esta colorida ciudad.

Con un origen milenario, que se remonta a tiempos de los griegos, romanos, alanos y suevos, Oporto es la segunda ciudad más importante de la vecina Portugal. Sede del distrito de Oporto, agrupación formada por 18 municipios, en la zona norte de Portugal, la ciudad cuenta con cerca de 250.000 habitantes aunque supera los dos millones si le añadimos la población de su área metropolitana.

El conjunto histórico y monumental de Oporto no es excesivamente grande, por lo que un fin de semana es tiempo de sobra para saborear el encanto de sus adoquinadas calles, repleto de casas antiguas y coloridas, y disfrutar de su amplia y económica oferta gastronómica. Desde probar sus variedades de bacalao a tomarse una francesinha, una bomba con forma de sandwich que lleva desde filete de ternera o cerdo, salchicha, jamón,  mucho queso, y todo ello regado con una contundente salsa.

El viajero puede visitar la ciudad a pie, pues el conjunto monumental se encuentra concentrado en unas cuantas calles. Cinco barrios o zonas permiten hacerse una idea de lo que hoy en día es una ciudad como Oporto. En torno a la amplia plaza de la Libertad, presidida por la estatua ecuestre del rey Pedro IV, se concentra el legado monumental de la ciudad; la Rua Santa Catarina, paralela a la avenida de los Alidados, aglutina la zona más moderna y comercial; Ribeira, en la parte baja, con sus coloridad casitas, es el barrio declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que muestra la fusión de la ciudad con el Duero; la zona de Foz marca el inicio del Océano Atlántico y contiene sus numerosas playas; mientras que la vecina localidad de Vila Nova de Gaia, separada por los puentes sobre el Duero, es el lugar indispensable para los amantes del vino pues en ella se encuentran sus numerosas bodegas.

Lugares imprescindibles de Oporto

Este recorrido turístico llevará al viajero por la Catedral de la Sé, que se alza imponente sobre la parte más alta de la ciudad, en el barrio de Batalha, junto a sus antiguas murallas, y que constituye uno de los mejores miradores de la ciudad. El acceso es gratuito, la entrada a su claustro cuesta 3€.

Otro de los rincones que merece la pena visitar es la Torre de los Clérigos, la más alta de Portugal con 76 metros de altura y más de 200 escalones, que se alza en el cerro de los ahorcados, lugar donde se enterraba a los ajusticiados. En el Mercado Bolhao, que data de principios del siglo XIX y que parece que está a punto de caerse, podrás comprar todo tipo de alimentos, vinos, dulces, toallas y mantelería y recuerdos a buen precio.

En la estación de Sao Bento destaca su hall decorado con más de 20.000 azulejos que relatan la historia del país, mientras que también merece la pena las iglesias de San Francisco, de los Carmelitas y de San Lorenzo do Grilos.

Los amantes del cine también pueden contemplar, mejor al caer el sol por su iluminación interior, la espectacular librería Lello e Irmao, situada cerca la torre de los Clérigos, y famosa por aparecer en la saga de Harry Potter. Entrar en ella ya es otra cosa, pues sólo acceder cuesta 4€, aunque dicho importe te lo descontarán de lo que compres.

El Palacio de la Bolsa, la comercial rua de Santa Caterina y el Majestic Café, los jardines del Palacio de Cristal, la muralla Fernandina junto al vertiginoso funicular dos Guindais, el monasterio de Sao Bento da Vitoria y la plaza de la Libertad con su monumental avenida de los Aliados son otros de los rincones que conviene visitar.

El broche final y uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad es recorrer parte del río Duero. El viaje se hace en rabelo, los tradicionales barcos que solían transportar las barricas de vino desde las viñas de Oporto, situadas en la zona norte del río, a las bodegas ubicadas en Vila Nova de Gaia, desde donde se comercializaba el vino al exterior.

Hay bastantes empresas que organizan estos denominados cruceros de los seis puentes y los tickets se pueden adquirir en los numerosos puestos situados frente a las coloridas casas del muelle de Ribeira. El viaje cuesta unos 15€ por persona (los niños de hasta 12 años suelen pagar la mitad), dura no más de 50 minutos y algunos incluyen packs, algo más caros, para visitar las bodegas.

Ciudad de cuestas

El único problema de Oporto para el turista son sus cuestas, pues la ciudad fue cincelada por un caudaloso río como el Duero, y en sus calles se sube o se baja, no hay término medio. Es este sentido, en el de las cuestas, es una ciudad bastante más hostil que Lisboa, Ávila o Segovia.

Afortunadamente para el corredor, el maratón no se adentra en este conjunto monumental y prácticamente discurre pegado al río, quizá la parte más llana de Oporto. La dificultad, no obstante, es que si el corredor hace la visita turística antes de la carrera y no después, sus gemelos, cuádriceps y rodillas le recordarán durante la prueba lo inolvidable que puede ser patear una ciudad como Oporto.

En cuanto a la maratón, se trata de una prueba muy bien organizada. No es muy cara (45€ si la inscripción se hace con antelación) y cuenta con una web con información en cuatro idiomas (entre ellos el español). Los dorsales se recogen en la feria del corredor situada en el Palacio de Alfandega, en la ribera del Duero, a una distancia perfectamente caminable desde el centro de la ciudad. Es una feria modesta, pero que incluye también comida de la pasta (gratuita para el corredor, 6€ para acompañantes).

En la feria, además del dorsal, este año daban una mochila, camiseta técnica y otros obsequios, a los que se les unirá un bonito y gran medallón y una camiseta de finisher de manga larga si consigues terminar la prueba.

Hay que añadir ademas servicios básicos como guardarropa, una app para seguir en directo a los corredores, música en vivo en un par de escenarios y café y batidos gratuitos en la salida. En la meta, además de la mencionada medalla y camiseta, hay una barra de avituallamiento con diferentes tipos de cervezas y refrescos de grifo para los corredores. Quizá lo único negativo es que sólo había cinco fisios en meta y que las anunciadas duchas, en realidad sólo era una, algo escondida, a la que se llegaba saliendo del parque y volviendo a entrar.

Dos carreras familiares

Paralelamente, el día de la maratón se disputan otras dos carreras. Por un lado, una prueba de 15 kilómetros, denominada Family Race, que comparte salida y los casi 13 kilómetros iniciales de la maratón, y por otro la Fun Race, una marcha o caminata con una distancia de 6 kilómetros que consiste en dar una vuelta al perímetro del parque, pero en sentido inverso al que lo hacen las otras dos carreras y cuya salida se produce una hora y media después.

Quizá lo más complicado, relativamente, para el viajero y sus acompañantes, sobre todo si carecen de vehículo propio, es acceder a la salida de la carrera. La prueba parte en las afueras de la ciudad, en la zona norte, junto al Parque de la Ciudad, el principal pulmón verde de Oporto, pegado al Océano Atlántico. Se trata, salvando las distancias, de una salida muy parecida a la salida de la maratón de Sevilla, pues ésta se ubica casi a las afueras de la ciudad y el único medio de transporte público accesible es el metro.

No obstante, el acceso es más rápido y cómodo que en Sevilla. Más o menos el desplazamiento el día de la carrera si viajas en metro (no subterráneo) desde el centro de Oporto puede llevarte entre media hora y poco más de una hora (incluida la caminata hasta el metro y hasta la salida).

El metro en Oporto funciona bastante bien, hay dos estaciones (Cámara de Matosinhos y Matosinhos Sul) cercanas a la salida, pero conviene madrugar para evitar aglomeraciones ya que se trata de una carrera muy internacional donde una gran mayoría de corredores y acompañantes van en metro.

Si por el contrario vas en coche, aparcar por la zona no es muy complicado porque hay numerosas calles residenciales y algún hipermercado con amplios aparcamientos junto a las citadas estaciones de metro.

El problema para el acompañante es que ver pasar varias al corredor es complicado. No es como Madrid, donde su metro permite desplazarte con rapidez a varios puntos. En Oporto el metro va en superficie y prácticamente conecta el centro con los barrios periféricos.

No obstante, si los acompañantes se sitúan cerca de la zona de la salida/meta pueden ver pasar a los corredores hasta en cinco ocasiones. Y si prefieren no pegarse el madrugón, y están alojados cerca del centro, a la altura del puente de Dom Luis podrán ver hasta tres pasos diferentes de la carrera aunque entonces deberán apresurarse para llegar en metro a la meta. Como siempre dependerá del tiempo que tarde cada corredor.

Perfil tramposo

El perfil de la Maratón de Oporto engaña y mucho. Aparentemente, si uno le echa un vistazo a la altimetría de la carrera, hay una cuesta en la salida, otra en la mitad, quizá a la altura del puente de Dom Luis, y un último repecho antes de acceder al Queimódromo, la zona del parque da Cidade donde se ubica la meta. La realidad es que la carrera es un continuo sube y baja, con un perfil en forma de serrucho configurado por múltiples y pequeñas tachuelas, y decorado en numerosos tramos de la prueba por incómodos adoquines de diversos tamaños, algunos de ellos, no todos, sorteables subiéndote a la acera.

Los que hayan corrido la Maratón de Madrid coincidirán en que no es una carrera suave, con una altura acumulada de unos 470 metros. En Oporto, que parece llana, el desnivel acumulado llega a los 420 metros. La diferencia es que en Madrid todo ese desnivel se concentra prácticamente en los 10 últimos kilómetros, mientras que en Oporto se reparte a lo largo de todo el recorrido. Como no hay grandes desniveles ni largas subidas, ni tampoco bajadas en la maratón de Oporto, el corredor quizá no llega a ser consciente de su dureza, pero notará que, según avanza, sus piernas no van tan fluidas. La carrera es una sucesión de pequeños toboganes que poco a poco van dejando huella.

Si a este desnivel camuflado le sumamos los tramos de adoquines y el cansancio psicológico que puede aparecer al saber que estás dando vueltas a un circuito de largas rectas, donde el corredor casi siempre visible divisa a lo lejos lo que le viene encima, se trata de una maratón poco propicia para hacer grandes marcas.

Salida lenta

La prueba parte en el puente de la via do Castelo do Queijo, con el Oceáno Atlántico a la derecha y el parque da Cidade a la izquierda. No es una salida muy ancha y al estar su cabecera en pleno puente conviene llegar con antelación si quieres acceder con facilidad a los cajones delanteros de la prueba. En la primera rotonda donde se ubica el acuario de la ciudad, la carrera gira la izquierda y sube por la Avenida de Boavista, rodeando el perímetro del parque. Prácticamente estos tres primeros kilómetros son de ligera subida con poco margen avanzar posiciones ya que se trata de calles no muy anchas.

A continuación, la carrera afronta una suave bajada por la avenida de Dom Alfonso Henriques hasta llegar a las inmediaciones de la estación de metro de Cámara de Matosinhos. Regresaremos por esta misma avenida, ahora pica ligeramente hacia arriba, y pasaremos a la altura del kilómetro 5 por la contrameta, donde hay una mayor presencia de público.

A partir de aquí la carrera pasa por la glorieta de la gigantesca escultura She Changes, conocida como la anémona, obra de Janet Echelman, y se dirige hacia el puerto de Leixoes, dejando el océano Atlántico a un par de calles a nuestra izquierda. Subiremos hasta la estación de metro de Senhor de Matosinhos, por una parte poco vistosa aunque con algún tramo con bastante animación.

El camino de vuelta, tras correr paralelos a la desembocadura del río Leça, nos llevará de nuevo a desandar la avenida Serpa Pinto y completar el kilómetro 10 antes de pasar de nuevo por la escultura de la anémona y después por la zona de la salida, poco antes de completar el kilómetro 12.

Recorrido junto al Duero

El callejeo y las curvas de esta primera parte termina justo aquí, a la altura del Castelo do Queixo o Forte de São Francisco Xavier. A partir de ahora casi todo el recorrido discurre por las largas avenidas paralelas primero al Océano Atlántico y luego a las dos orillas del río Duero.

Entre el Castelo do Queijo y hasta el Castelo da Foz, antes de llegar al kilómetro 15, se sitúan las principales playas de Oporto. A continuación atravesaremos el primer puente de la ciudad, el Ponte de Arrábida, ya en pleno Duero. Unos kilómetros más tarde llegaremos a Ribeira, la zona declarada patrimonio de la Humanidad de la Unesco con sus casitas de colores.

Entre esta zona y el segundo puente, el Puente de Dom Luis I, se empieza a acumular numeroso público, en su mayor parte turistas. El kilómetro 20 será la antesala de una rampa que nos llevará a atravesar por la parte inferior el majestuoso puente de Dom Luis, diseñado por Théophile Seyrig y uno de los símbolos de la ciudad.

El puente nos llevará al otro lado del Duero, a Vila Nova de Gaia, lugar donde se ubican la mayoría de bodegas de Oporto. El monasterio da Serra do Pilar nos da la bienvenida a esta zona donde el perfil de la carrera no cambia, que discurre por las largas avenidas bañadas por el Duero. En esta zona el público es más escaso, hasta llegar al giro de vuelta ubicado a la altura del kilómetro 25, en la zona deportiva de la marina da Afurada, mucho más comercial.

Regresamos por las mismas calles pero en dirección contraria hacia el puente de Dom Luis I cruzándonos con los corredores que vienen en sentido contrario. Al cruzar el puente, esta vez giraremos a la derecha remontando el curso del río. Al poco de cruzar el puente llegaremos al kilómetro 30 e iremos pasando bajo los puentes del Infante, de María Pía y de Sao Joao.

Antes de llegar al sexto puente, el Puente do Freixo emprenderemos por la misma calle pegada al Duero el camino de regreso, que ligeramente pica hacia arriba, cruzándonos de nuevo con los corredores que vienen en sentido contrario.

El momento más emotivo para un runner

Antes de llegar de nuevo al puente de Dom Luis, por la muralla Fernandina, con la catedral al fondo, pasaremos por debajo del túnel da Ribeira. Sin duda uno de los momentos más emotivos de la carrera pues en el túnel, completamente oscuro, sólo se iluminan media docena de televisores donde una y otra vez se repite la mítica escena de la carrera por la playa de la película Carros de Fuego con la música de Vangelis sonando. Todo un detallazo para subir la moral de los corredores.

Este es el único tramo que se aleja del agua desde que nos pegamos a él a la altura del Castelo do Queixo. Tras salir del túnel por la rua Don Infante Henrique, y pasar junto al Palacio de la Bolsa y la Iglesia de San Francisco, regresaremos a la vera del río para desandar el camino que hicimos en la ida.

Antes de pasar bajo el puente de Arrábida pasaremos por el kilómetro 35 y a partir de ahí nos espera la parte más dura de todo maratón, cuando la cabeza y las piernas suelen bloquearse. Largas avenidas, con escaso público salvo algunos tramos. La buena noticia para el corredor es que hay numerosos avituallamientos y tantos plátanos y naranjas partidas como agua. El camino de vuelta, tras pasar por los dos castillos, el de Foz y el del Queijo, nos llevarán de nuevo a pasar por la contra salida, luego junto a la escultura de la anémona, desde se inicia un último repecho por la estrada da Circunvalacio que nos llevará de vuelta al Queimódromo donde se ubica la esperada meta.

Dominio keniata

Jackson Limo, con un tiempo de 2:11:34 se convirtió en el decimotercer keniata que gana en Oporto, pues sólo un atleta etíope ha logrado romper este dominio. El portugués Daniel Pinheiro fue segundo (2:17:54) mientras que el eritreo Okubay Tsegay finalizó tercero (2:19:06).

La también keniata Monica Jepkoech se impuso en categoría femenina (2:26:58) confirmando el reinado keniata de las últimas diez ediciones. La portuguesa Salome Rocha (2:31:01) fue segunda por delante de la etíope Chaltu Bedo Negashu (2:43:41). Un total de 4.537 corredores cruzaron la meta de la maratón, de los que más de 300 fueron españoles. Otros 2.843 corredores completaron la Family Race.

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