Estrozapiernas Braojos Trail 2017: En tierra hostil

La tercera edición de la carrera de montaña Estrozapiernas Braojos Trail, celebrada el pasado 27 de agosto de 2017 en esta localidad madrileña de la Sierra Norte, no decepcionó. Ofreció lo que prometía: un recorrido muy exigente en un entorno realmente atractivo.

Todos aquellos corredores acostumbraros al asfalto y que no quieran sufrir deben evitar esta carrera. La Estrozapiernas Braojos Trail avisa ya desde su propio nombre. Ofrece, en su versión larga, de algo más de 21 kilómetros y medio, un recorrido duro, no muy técnico, pero con cuatro cortafuegos donde para la gran mayoría de corredores caminar será la única alternativa.

La Estrozapiernas se trata de una prueba ideal para enamorase de las carreras de montaña. Aunque tiene cuestas realmente duras, ofrece muchos kilómetros donde se puede correr y bastante rápido. Pero sobre todo, la carrera permite disfrutar de un entorno privilegiado en plena Sierra Norte de la Comunidad de Madrid, entre bosques y montañas, en un paraje desconocido para los habituales del asfalto.

Rampas de hasta el 25%

Los números de la Estrozapiernas no engañan. De sus 21 kilómetros largos, más cerca de los 22, en total tiene algo más de nueve kilómetros de ascensión. Cada uno de ellos con un desnivel que, como mínimo, supera el 4%, en los que subiremos más de 1.000 metros. De esos nueve kilómetros de subida cuatro discurren por cortafuegos, que acumulan cerca de 2,5 km con una pendiente mínima del 12%. Y en esos cortafuegos encontraremos también cerca de un kilómetro de rampas que oscilan entre el 18 y el 25% de desnivel.

Pero para que no te preocupen sólo las cuestas, en la Estrozapiernas además hay que andar con mucho ojo. El corredor debe evitar resbalar con la multitud de piñas que siembran algunos tramos de la carrera, no patinar en un descenso estrecho y sinuoso repleto de rocas y vegetación, sin olvidarnos de que además hay que saltar algún que otro tronco que trunca el camino, así como numerosos riachuelos.

La buena noticia es que la carrera se disputa prácticamente en su totalidad en un entorno arbolado, en pleno bosque, lo que unido a una mañana fresca, por momentos lluviosa, logró rebajar el calor de agosto ofreciendo una temperatura ideal para afrontar la subida y bajada de una montaña que roza los 2.000 metros.

La Estrozapiernas, organizada por el Team Braojos y el consistorio local, parte de este municipio ubicado junto a la ladera de la Sierra de Guadarrama, al que se accede por la A-1, a la altura del kilómetro 80. Cerquita de Madrid, pero también próximo a las provincias de Segovia y Guadalajara, por lo que se ha convertido en estos tres años en un plato muy apetecible para los ávidos de montaña a pesar de disputarse en el ocaso del mes de agosto.

Aumenta la participación

Si a este entorno en plena sierra madrileña, le sumas una buena organización, como fue el caso, el resultado es una carrera bien señalizada, con animosos voluntarios en los puntos de control y con hasta cuatro avituallamientos intermedios en la prueba larga que hicieron el reto muy cómodo para el corredor al no tener que llevar exceso de equipaje. Sin olvidarnos del copioso avituallamiento final, donde encontraremos mucha fruta, líquidos, embutidos y hasta una tortilla de patatas.

El precio de la carrera no es excesivamente alto (18€ si se hace con antelación) y a cambio de los servicios mencionados recibes también una camiseta técnica para rememorar la hazaña. El corredor agradece el buen trato y poder disfrutar de este entorno y la prueba es que en esta tercera edición se registró la mayor participación (119 corredores en la larga y 63 en la corta), con un incremento del 35% respecto a la edición anterior.

Salida neutralizada

La prueba, tras el pertinente control y la charla técnica, parte en una salida neutralizada desde la plaza principal de Braojos. Tras unos primeros metros de subida por el asfalto de la localidad (300 metros al 4,7%) la tierra nos recibe con una primera cuesta de 400 metros y un desnivel medio del 5,6%. Este primer kilómetro avisa ya de que estamos en tierra hostil y de que lo que queda no será nada sencillo.

El siguiente kilómetro lo confirma con una subida de 500 metros y una pendiente media del 10%. Seguimos por un camino ancho de tierra, repleto de toboganes, a cielo abierto, divisando cada vez más cerca la arbolada falda de la montaña. Antes de llegar al segundo kilómetro de carrera, aguarda una nueva subida. Casi 500 metros por encima de un desnivel del 7%. Y la montaña aún no ha llegado.

La buena noticia, tras completar esta última subida, es que llegamos a un tramo de descenso, con más de 600 metros para ir recuperando fuerzas de los toboganes de los primeros kilómetros. La mala noticia es que es la antesala de la montaña. El paisaje cambia, el bosque nos empieza a engullir, el camino se vuelve senda y desde el kilómetro 3 hasta el 10 la carrera sólo pica hacia arriba. Hasta la cima, apenas nos dará algo menos de un kilómetros de descanso.

Comienza la ascensión

La estrecha senda, a partir del kilómetro 3 pone a los corredores en fila de a uno. Dos kilómetros de subida, hasta el 5, con una pendiente media que roza el 14% y una última rampa por un cortafuegos con más de 600 metros de ascensión y un desnivel por encima del 25%.

Coronado este pequeño Angliru, la senda se ensancha, y se vuelve camino en pleno bosque. Casi 900 metros de descenso, donde se puede correr, y que nos vuelven a dar un nuevo respiro.

La alegría de nuestras piernas termina en el kilómetros 6. El perfil de la prueba vuelve a subir y no nos dará tregua hasta casi el kilómetro 10. Más de 3,7 kilómetros de subida con un desnivel medio que casi llega al 11%. En esta parte se puede correr en la mayoría de sus tramos, aunque hay varios repechos que invitan a caminar, como el segundo cortafuegos, el más suave de los cuatro que afrontaremos en la Estrozapiernas, con más de 700 metros de longitud y un desnivel por encima del 12%.

Llegados a la cima se la sierra, cerquita de la Cuerda Larga, de nuevo a cielo abierto, la carrera, tras el merecido avituallamiento, empieza a descender por la frontera montañosa que separa Madrid y Segovia. Más de 3,5 kilómetros de bajada, pronunciada en sus primeros metros, pero que se suavizará más adelante, incluyendo un par de repechos y regresando de nuevo al abrigo del bosque, sorteando troncos y riachuelos.

Entre Madrid y Segovia

Superado el kilómetro 13, la Estrozapiernas vuelve a ponerse exigente. Tras un nuevo avituallamiento, cambiamos la senda, desaparecida en sus últimos metros, por un camino ancho de tierra donde nos espera una subida de algo más de un kilómetro al 13,2%. Incluye en su tramo final un nuevo cortafuegos de casi 700 metros con una pendiente superior al 18%. Uno empieza a pensar que la organización se ha pasado con las cuestas.

Un rápido descenso que se prolongará durante casi un kilómetro nos lleva al último cortafuegos, quizá el más complicado por la abundante vegetación y rocas que lo pueblan y que prácticamente impide correr si es que aún tienes energía en las piernas. Cuatrocientos metros y una pendiente del 16% nos aguardan.

Empieza la bajada

A continuación, larga bajada por un camino ancho, con algún repecho y metros de llano, que se prolongará durante un kilómetro y medio, hasta el 17,5. En el kilómetro 18, tras llanear un poquito, se inicia otra larga bajada, bastante más pronunciada, y con algunos tramos más técnicos. Aquí sufriremos los zapatilleros del asfalto, pues discurre por un estrechísimo sendero, donde habrá que bajar casi en eslalon, sorteando matorrales y piedras.

En los últimos kilómetros la senda se vuelve camino de tierra, limpio y ancho, rumbo hacia Braojos. La última dificultad de la prueba nos llevará a rodear casi todo el pueblo, alargando casi hasta el infinito nuestra entrada en meta- La Estrozapiernas finalizará con un ligero repecho de casi 200 metros, que queda diluido por los aplausos de un público que reconoce el esfuerzo de cada uno de los corredores.

Victoria local

En la prueba larga de la Estrozapiernas, con 119 corredores que cruzaron la meta, Pedro García López (1:49:22), corredor de la localidad y del Braojos Team se alzó con la victoria. Se impuso a Ángel de la Encarnación Moreno (1:52:15), segundo, mientras que Adriá Muixach Roig (1:54:20) completó el podio final.

Por su parte, Beatriz Sánchez Alonso (2:21:04), del Club De Montaña Mondalindo, ganadora de la prueba en 2015, cuando había que completar 26 kilómetros, se impuso en categoría femenina. La toledana Almudena Mata Bagües (2:24:28), ganadora el pasado año, y la madrileña María Soledad Aragunde (2:27:29) completaron el cuadro de honor en la distancia larga.

En la prueba corta, con un recorrido de casi 14 km, salida una hora después de la larga, y con 63 llegados a meta, la victoria fue para Pablo Bodas Rodríguez (1:09:42). Cruzó la meta por delante de Antonio López Parra (1:10:20) y Héctor Roldán Fuentetaja (1:10:25).

María García Bravo (1:25:23) fue la primera fémina en traspasar la meta de la carrera corta, mientras que Sandra García Comas (1:29:01) finalizó segunda e Ivette Arranz Pérez (1:31:17), ganadora en 2016, fue finalmente tercera.

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